domingo, 26 de mayo de 2013

¿Qué tan inteligentes somos los ecuatorianos?

Esta entrada la escribió mi padre.  Le he pedido permiso para reproducirla en mi blog.

De tal palo, tal astilla, diréis...


¿QUÉ TAN INTELIGENTES SOMOS LOS ECUATORIANOS?

El día sábado 18 de este mes de mayo, como a las 11:30 me encontraba en la Carretera Panamericana aproximándome a Quito y, como el viaje había sido largo, hacía mucho sol, el auto estaba muy abrigado y con poca ventilación, comencé a dormitar. Como no conversaba con el amigo que conducía, este tuvo la espantosa idea de encender el radio del auto, y en la emisora sintonizada se estaba transmitiendo el discurso que aquellos ecuatorianos que no pueden impedirlo tienen que escuchar todos los sábados. Como soy muy respetuoso de los demás no le rogué que, por favor, por caridad, por todos los santos, cambiara de emisora o apagara el radio. El auto era suyo, el radio también, me estaba haciendo un servicio (claro que pagado), no iba yo a cometer la descortesía de pedirle que satisfaga mis deseos, nunca me he considerado el más importante de todos, siempre actúo como que todos son más importantes que yo.

Lo primero que escuché al orador es que el gobierno va a construir un complejo de lujo junto a la Ciudad Mitad del Mundo para que funcione como sede de UNASUR. Al parecer estaba por concluir la descripción del complejo, lo que alcancé a oír es que tendría una piscina con piso de cristal por el que se filtrarían las luces, iluminando de esta manera desde el fondo de la alberca.

Lo primero que me pregunté, lógicamente, fue ¿cuál es la necesidad de tanto lujo? Una de las respuestas que vino a mi mente fue si no será que estoy muy mal informado, y que en alguna universidad extranjera acreditada clase “A” habrán descubierto que la inteligencia se estimula cuando los seres humanos se bañan con las piernas iluminadas; o cuando se sienten como jeques árabes en un país con una población muy numerosa que no alcanza a satisfacer sus necesidades básicas.

También me pregunté ¿cómo se sentirán los millones de desempleados que ni siquiera tienen una ducha en su casa para toda su familia? ¿Por qué todos los embajadores y presidentes de UNASUR tienen más derecho que uno solo de ellos? ¿cómo se sentirán los centenares de pobladores desalojados a palos de su asentamiento en la ciudad de Guayaquil, que con su trabajos e impuestos pagarán esos lujos, sabiendo que no hay dinero para sus viviendas y sí para los lujos de los embajadores que vendrán, a lo sumo, una vez al año? No faltará alguno que ruegue fervientemente que ninguno de esos embajadores sea tan valiente que pegue a las mujeres.

Luego escuché que se esperaba que la iniciativa privada construya hoteles de 5 estrellas en los alrededores de este complejo de lujo.

La única justificación que escuché para tanto exceso era que con ese complejo de lujo oriental, Quito se convertiría en la “capital de América”. Y, claro, inmediatamente me pregunté si para ser capital de algún ámbito territorial nada más hay que tratar a los embajadores con lujos y excesos. Hace algunos años leí una revista llamada América Economía, en la cual publicaban (no sé si continúen haciéndolo) el “Ranking de las mejores ciudades de la región” o las ciudades más competitivas de América; ahí ponían una matriz con 14 variables para hacer la calificación y, cosa rara, ninguna de esas variables era “contar con un complejo de lujo para las reuniones internacionales”, si bien es cierto que sí ponían dos variables algo relacionadas: “número de hoteles 4, 5 estrellas y de lujo” y “sedes regionales multinacionales”. En la siguiente edición de esta clasificación ya no fueron consideradas esas variables. Siempre existe la posibilidad de que los especialistas en ese tema estén equivocados, pero es imposible que  el orador citado sea el único que posea la verdad.

A continuación el orador se refirió a una visita que había efectuado a una fábrica de confecciones propiedad del Estado. Se manifestó muy satisfecho de haber encontrado trabajadores dedicados y responsables, especialmente de que había muchas mujeres laborando allí. Muy bien. Pero a continuación dijo que en esa empresa existían máquinas tan sofisticadas que hacían muchas labores y que, con ellas, se disminuía el número de obreros. Declaró que había pensado en dos medidas para corregir la situación: la primera, eliminar esas máquinas para aumentar los puestos de trabajo.

Me van a disculpar pero, respecto de la primera medida me pregunté: ¿Será que en el siglo XXI, para crear fuentes de trabajo  hay que eliminar los avances tecnológicos y volver a la manufactura del siglo XVI? No es útil quedarse en las preguntas, ¿no es cierto? sino que hay que buscar respuestas, y como no soy economista, se me ocurre que estas son las nuevas teorías que se están enseñando en alguna universidad extranjera acreditada clase “A”, en las facultades de economía de nivel internacional. Siempre hay que conceder el beneficio de la duda a las personas.

La segunda medida anunciada fue que no era lógico que esa fábrica se encargase de producir tantas cosas, que era mejor delegar a la empresa privada algunas de ellas. Respecto de esta segunda medida me acordé que uno de los paradigmas del neoliberalismo, al que en varias oportunidades se refirió el orador en términos despectivos es, justamente, reducir el tamaño del Estado y delegar a la empresa privada algunas de sus funciones. Si se despreciaba a los que proclamaban esa necesidad, y en la siguiente frase se anunciaba sus virtudes, puesto que yo no tengo por costumbre creer que los demás están equivocados y dicen disparates con mucha frecuencia, sino que lo más probable es que yo sea el equivocado, me pareció que lo que debía hacer era concurrir donde un notario público y declararme loco de solemnidad.

A continuación el orador pasó a referirse a una visita al Banco Central. Luego de denigrar a todos los presidentes del Ecuador que le habían precedido, gerentes del banco y empleados, dijo que, entre otras barbaridades, había encontrado un auditorio abandonado, en el que se había invertido un millón de dólares y que estaba convertido en bodega. Afirmó que, puesto que no era lógico dejarlo en ese estado, iba a invertir otro millón de dólares para habilitarlo.

No pude evitar que mi mente volviera a hacer preguntas: Si no existe necesidad de ese auditorio, si días atrás se había desalojado a palos a cientos de pobladores de sus humildes viviendas, si en el Ecuador abundan las escuelas desvencijadas, si con las primeras lluvias medio Ecuador queda bajo el lodo, si millones de ecuatorianos no disponen de agua potable, de alcantarillado ni equipamiento decente de salud, ¿es justo, racional y prioritario despilfarrar un millón de dólares en esa necesidad inexistente? ¿Cuántas escuelas pueden ser construidas o reconstruidas con ese millón? ¿No será mejor invertir ese millón de dólares en diseñar un mecanismo de crédito para que los pobladores compren el terreno del que fueron desalojados y construyan sus viviendas? Claro que existe la posibilidad de que las modernas teorías económicas proclamen que invirtiendo un millón de dólares en cosas innecesarias, ese dinero se vaya a reproducir por cien para ahora sí atender a las necesidades reales. Concedamos el beneficio de la duda.

El orador pasó a referirse a sus ideas del nuevo Banco Central de su gobierno. Entre otras cosas que siguieron alarmándome y provocando dudas y preguntas, solamente quiero referirme a que para esos nuevos empleados y funciones iba a construir otro edificio, sencillo, según sus palabras “sin peluconadas”. Y que para el edifico actual se buscaría compradores o demandantes, “tal vez el Ministerio de Cultura o el Municipio de Quito, que ha dicho que necesita algunas oficinas”.

Preguntitas inocentes: ¿Por qué no se adecúa o rehabilita el mismo edificio para las nuevas funciones? Los arquitectos e ingenieros ecuatorianos tienen capacidades más que sobradas para hacerlo, y siempre es más barato que construir uno nuevo. El orador dijo “un edificio sencillo, sin peluconadas”. O sea que los nuevos empleados del Banco no necesitan estimular su inteligencia mediante una piscina que ilumine sus piernas mientras se bañan, como sí lo necesitan los embajadores de UNASUR? Menos mal.

En el contexto de la descripción de la visita al Banco Central, el orador dijo que aquel tenía en propiedad miles de bienes expropiados a sujetos acusados de delitos, y que aquellos estaban abandonados, destruyéndose e  improductivos, entre los cuales había haciendas, edificios, etc., de mucho valor, y que esa situación debía corregirse. Bien. Pero la solución proclamada era que cuando ocurriese una situación semejante, es decir que alguna persona fuera acusada de algún delito por el que se le debía expropiar sus bienes, inmediatamente se pasaría a rematarlos o venderlos, y si al final de las investigaciones y de los juicios correspondientes, el acusado era culpable, pues que no había pasado nada y que el dinero era del Estado, pero que si el acusado era finalmente declarado inocente, se le entregaría el dinero con sus intereses. ¿Qué les parece?

O sea que apenas un ciudadano sea acusado de un delito por el que tenga que responder con sus propiedades, el Estado ipso facto venderá esos bienes ajenos. Si el ciudadano resulta inocente, el Estado le dirá: “lo siento mucho, disculpará no más, aquí está su dinero con los intereses, aquí no ha pasado nada”. En pocas palabras todos somos culpables mientras no demostremos lo contrario o, todos estamos en libertad condicional, cualquier día nos meten en la cárcel y antes de demostrar nuestra culpabilidad nos despojan de todo. Ese es el país del “buen vivir”.

El discurso continuó, pero…
¡Por fin llegué a Quito! ¡Nunca me he sentido tan contento de ver tu perfil, tu imagen, tus montañas, terminó mi encierro, terminó mi tortura!

Pero mi mente permaneció haciéndose preguntas, algunas de ellas comparto con ustedes:

¿Cuánta inteligencia, cultura, educación, ética y moral tiene una persona que con mucha frecuencia denigra, insulta y desprecia a los demás?
La prepotencia y vanidad, el proclamar que siempre se tiene la razón y que los demás son despreciables, ¿son virtudes o defectos?
Esas características y comportamiento, pregunto a los sicólogos, ¿no son signos de un complejo de inferioridad y del íntimo convencimiento de que no se tiene la razón, de vivir como “gato panza arriba”?
Los ecuatorianos, ¿demandamos calidad a nuestros mandatarios, es decir a aquellos que están obligados a cumplir nuestros mandatos? ¿O nos sentimos felices y satisfechos con lo que dicen, legislan y construyen, con la manera como se comportan; demostrando así que somos iguales o inferiores a ellos? ¿Qué hacemos para demandar calidad? ¿Cuántos demandamos y exigimos calidad, honestidad, ética, moral, en suma –según Sócrates- inteligencia, primero ejercitando esas virtudes en nuestra vida diaria?
¿Nos sentimos representados por esos gobernantes? ¿Somos dignos y merecedores de nuestra suerte?
¿Qué tan inteligentes somos los ecuatorianos?
Leonardo Miño Garcés. 2013-05-24

domingo, 19 de mayo de 2013

Mi papá y los zapatos de velcro




Cuando termino mi entrenamiento en la piscina, cada noche, tras secarme y vestirme, me pongo mis zapatos con velcro, en lugar de cordones, muy fáciles de poner y quitar y en el preciso momento en que ajusto las tiras de velcro, que terminan en una florecita rosa, recuerdo a mi padre.

También lo recuerdo cuando preparándome el desayuno, unto mantequilla en la tostada sin olvidar ni una esquinita. La verdad es que hay infinidad de cosas, momentos y sensaciones que me recuerdan a mi padre, sin embargo, tenía una deuda pendiente con los zapatos con velcro y en cuanto he logrado racionalizar el por qué de ese recuerdo tan recurrente, me he dispuesto a ponerlo por escrito para que no se me escape.

Cuando ajusto las tiras de mis zapatos con velcro, cuando las ajusto muy bien para que no vayan a desatarse por el camino, recuerdo a mi padre, sencillamente porque mi padre ajustaba las tiras de velcro, los cordones o las correas de mis zapatos tan bien que era imposible que se desataran por el camino, también untaba con mantequilla hasta la esquina más rebelde de mis tostadas, me cogía de la mano tan fuerte que parecía que creía que me iba a escapar y cuando íbamos andando por la calle, me apretaba más fuerte aún para que recordara que no iba sola y que nada ni nadie podría hacerme daño; cuando me preparaba el almuerzo, cerraba el termo del zumo con tantísima fuerza que impajaritablemente tenía que pedir ayuda para abrirlo, pero jamás se me escapó una sola gota de zumo, jamás me perdí entre la multitud, nunca me tomé una tostada que fuera algo menos que perfecta y jamás de los jamases se me escapó un zapato al andar.
Y resulta que ahora que nos disponemos a tener hijos, me ha dado por recordar estas cosas, y no sólo estas sino otras aún más impresionantes como que para evitar que me resfriara, mi padre dejaba la ropa sobre la cama, doblada de tal manera que fuera facilísimo vestirme sin que cogiera frío, la ropa se deslizaba literalmente por mi cuerpo como por arte de magia, no sé cómo lo hacía; cuando me negaba a desayunar me traía un tazón de yogurt con cereales bien grande a la cama, cuando tuve la hepatitis me preparaba el suero oral con Sprite para que no me diera cuenta de que era un medicamento y cuando era tan pequeña que ya casi lo he olvidado, me ponía azúcar en la boca cuando lloraba, para que olvidara el motivo de mi llanto.

Mi padre no era de grandes gestos, aunque en el día a día era pródigo en gestas y por eso lo recuerdo cada noche cuando me ajusto las tiras de velcro de los zapatos, porque espero un día tener la paciencia enorme y el amor inmenso para ajustar los zapatos de mis hijos, untarles la tostada, cogerles de la mano, y ponerles azúcar en la boca para que olviden el motivo de sus tristezas y de sus llantos y para que cuando sean mayores y tengan que ajustar sus propios zapatos y sus cuentas con la vida, recuerden que su abuelo me enseñó a ajustar tiras de velcro, a llenar sus vidas de azúcar y a reparar sus corazones rotos y sientan la responsabilidad de ser adultos optimistas a los que nadie podría hacer dudar de su futuro simplemente porque tuvieron la suerte de tener ese abuelo magnífico que nos enseñó y nos sigue enseñando que el mundo es un lugar solitario para la gente honesta pero que hay que ajustarse muy bien los zapatos para no perderlos por el camino y seguir avanzando, siempre hacia adelante.




sábado, 19 de enero de 2013

A Don Juan Antonio Carrillo Salcedo, Maestro y Amigo

Esta mañana ha muerto en Sevilla D. Juan Antonio Carrillo Salcedo, excelente Maestro y buen Amigo.

Enseguida me he puesto a escribir porque en esta mañana fría y ventosa es lo único que puedo hacer para sentirme cerca de este gran Amigo que con su partida nos deja un poco más solos y un poco más desamparados.

Don Juan Antonio fue una persona excepcional como sólo podía ser excepcional él; en una sala llena de personas "importantes" jamás olvidaba saludar con dos besos a los amigos, agradecernos por asistir a tal o cual acto y preguntarnos por la familia.  Recuerdo en particular una mañana de otoño en la sede de la UNIA en la Rábida donde Don Juan Antonio daba una clase magistral en un curso de verano;  había en el patio central tanta gente que era imposible llegar a quien era la estrella de ese curso de verano, no hizo falta siquiera intentarlo, fue él quien se acercó para disculparse por no habernos saludado antes, porque no sabía que tras tantas gafas de sol se escondían sus amigos.

Ese era Don Juan Antonio, el Maestro más brillante y más comprometido, el que nos enseñó a creer de verdad en el derecho internacional con argumentos incontestables, a él le debemos seguir intentando que el mundo sea un lugar mejor a través del derecho y a través de la fe en las instituciones internacionales pero también en las personas.  A él le debemos también una visión del mundo como un lugar de cooperación y no sólo de guerra, a él le debemos habernos abierto los ojos a un punto de vista menos cínico y más realista del mundo y de la naturaleza humana.


Recuerdo con cariño las cartas que intercambiamos, en especial recuerdo cuando escribió a mis padres para darles la buena noticia de dos becas que me habían concedido en el mismo verano; recuerdo que dijo muchas cosas buenas de mi que entonces no merecía como no merezco ahora pero que en honor a su memoria intentaré merecer algún día.

Anoche el viento no nos dejó dormir, parecía que iba a acabar con todo.  Ahora lo entiendo, el mundo estaba triste porque se estaba despidiendo de una de las mejores personas que lo han habitado.

Cuánto ganamos los que le conocimos y cómo cambió nuestras vidas Don Juan Antonio  y cuánto hemos perdido todos con su partida.

Se nos ha ido un hombre bueno, un hombre justo y humilde al que jamás olvidaré.

viernes, 5 de octubre de 2012

“Hay gente que escribe más de lo que lee”…y el Flamenco!



“Hay gente que escribe más de lo que lee” me lo dijo ayer mi director de tesis para reiterar la importancia de leer mucho, muchísimo antes de formar una opinión sobre lo que sea y mucho antes de ponerla por escrito.
En ese momento lo pensé y pensé también en la cantidad de opiniones que vertemos, yo en particular, en el día a día y de lo poco que sabemos sobre las materias sobre las que discutimos, a veces acaloradamente.
Y hoy, revisando mis apuntes de la reunión de ayer me he vuelto a encontrar esta perla, entrecomillada, bailando en el folio y recordándome lo poco, poquísimo que sé sobre lo que digo y escribo.
Estas reuniones con mis queridos, queridísimos directores de tesis constituyen para mí más que un baño, una cascada de humildad, por lo poquísimo que sé y lo muchísimo que me enseñan.  Me pasa lo mismo –salvando las distancias- en las clases de Flamenco.  Por eso, hoy me he levantado con la intuición de que unas y otras, a su manera, me están enseñando una lección fundamental, además obviamente del método correcto para escribir una tesis doctoral con éxito y sobre todo con alegría y la manera correcta de colocar el peso del cuerpo para que parezca que nos movemos con libertad y con intuición cuando la realidad es que el Flamenco es una ciencia y un arte cuyo aprendizaje  toma años y años de trabajo y paciencia.
El nivel en el Flamenco se nota al primer vistazo, este arte es despiadado, o se mueve todo el cuerpo con armonía y una buena técnica o el resultado revela irremediablemente las carencias de quien lo ejecuta.  Pasa lo mismo con la ciencia pero no con los discursos y opiniones que echamos al viento en charlas de café, reuniones de trabajo, reuniones familiares, el taxi, el autobús, andando por la calle y un largo etcétera, pero especialmente, los que dejamos por escrito en correos electrónicos tan instantáneos que cuando le damos a enviar, con un click, dejamos de ser dueños de nuestras palabras y en los blogs que algunos creamos para descargar nuestras cabezas y llevarlas un poco más ligeras.
Son esos discursos, sobre todo los escritos, en los que he pensado cuando he escuchado lo de “Hay gente que escribe más de lo que lee” y he llegado a la conclusión de que escribir o hablar más de lo que se lee, es igual que intentar bailar Flamenco sin conocer la técnica ni los acordes, un desatino.
No dejaré de escribir ni de bailar, aunque no haga ninguna de las dos cosas bien y aunque a veces hable y escriba más de lo que leo e intente humildes tanguillos muy por encima de mis posibilidades sólo por la alegría de bailar y sólo porque a veces simplemente no puedo quedarme callada.  Haré el propósito no obstante, de hablar bajito y decir siempre “a mi me parece que …” antes de emitir cualquier juicio de valor, al igual que me pongo la última en la clase de Flamenco e intento que no se me vea ni por el espejo.
De modo que la ciencia, el discurso y el Flamenco tienen mucho que ver…y mucho que enseñar también.


jueves, 19 de julio de 2012

Que se fastidie Andrea Fabra

Como no me cabe en la cabeza y sigo dándole vueltas al “que se jodan” de Andrea Fabra, os dejo este editorial de Manuel Peris, a mi gusto muy acertado aunque demasiado moderado. Por mi parte sigo esperando que dimita o la obliguen a dimitir; el que se ríe del pueblo no tiene perdón.
Que se fastidien
Hay que dar las gracias a Andrea Fabra por su claridad. Ha dicho de manera valiente y directa lo que otros no se atreven a señalar. Cierto es que la expresión puede parecer un tanto malsonante, “que se jodan”. Sí, la frase, así transcrita, puede sonar vulgar, populachera, rondando lo soez. Pero una cosa es lo transcrito y otra, lo dicho. Porque el tono importa mucho. Expresiones que en ciertos individuos pueden parecer groseras, sin embargo cuando son pronunciadas por algunas personas, a las que la cuna y la buena crianza han dotado del touche de la distinción, tienen una modulación bien distinta. Como puede que esto suene raro, pondré un ejemplo para intentar aclararlo. Si oímos a un gañán decir que está “cansao” porque ha “trabajao” mucho, sin duda pensaremos que se trata de un cateto. Sin embargo, si vemos aparecer delante de las cámaras a un señor que dice que agradece a los médicos cómo le han “tratao” (sic) y que lo siente mucho, que se ha “equivocao” (sic) lejos de pensar que es un mastuerzo, convendremos, como en el caso de Don Juan Carlos, que ofreció así sus disculpas por la cacería de elefantes, que todo lo contrario es todo un señor y que si usa de esa manera el participio no es por ignorancia, sino por empatía con el pueblo del que es su rey. Mutatis mutandi, ¿no acontece lo mismo cuando observamos los pantalones rotos de un pordiosero y unos armanis desgarrados lucidos por una señora con clase?. Pues sí porque de eso, precisamente, se trata, de la clase.
Fuera como fuese, lo cierto es que Andrea Fabra ha ofrecido ya explicaciones, que no disculpas. Y esas explicaciones son muy esclarecedoras. En efecto, la diputada del PP ha dicho que los términos utilizados fueron “impropios” de ella. Con lo que vendría a reconocer que se trata de una expresión vulgar, no propia ya de una señora, sino de toda una señoría, que a mayor abundamiento es hija, nieta, biznieta y tataranieta de quien lo es y si no, que pregunten en Castellón. Por eso, reconoce Andrea Fabra, que su “reproche fue poco afortunado”. Estamos ante una cuestión de formas, que no de fondo. Porque en realidad lo que Andrea Fabra quiso decir cuando Mariano Rajoy anunció los recortes a los parados es “que se fastidien”. Simplemente eso, que se fastidien, algo que piensan muchos de sus compañeros y que sin embargo no se atreven a decir en público. Empezando por el propio presidente del Gobierno y del PP, expresando su pesar, derramando lágrimas de cocodrilo por el hemiciclo, cuando dijo lo que iba a hacer. Y sin embargo, cuando fue desgranado las severas medidas que iba a adoptar (a pesar de haber advertido que no le gustaban) sus correligionarios de la bancada popular aplaudieron todos y cada uno de los recortes. No todos en política son fariseos y cínicos.
Así que ya lo saben, si lo prefieren así: que se fastidien los parados, que se fastidien los empleados públicos, que se fastidien los dependientes, que se fastidien los estudiantes, que se fastidien los que tributan hasta el último euro de su salario y que se preparen los pensionistas. El que avisa no es traidor.

martes, 17 de julio de 2012

Echo de menos a Zapatero...

Puede que haya gestionado mal los albores de la crisis, puede que no haya dicho toda la verdad, puede, por fin, que no haya sido un buen presidente del gobierno pero ante el gobierno del PP que nos ahoga y pisotea, no puedo más que echar de menos la serenidad, el tono de voz y el respeto que los socialistas han mostrado siempre a la ciudadanía.
Es verdad que los partidos políticos mayoritarios de este país tienden cada vez más hacia la derecha, derecha entendida como la entiende Bobbio, como una ideología que no cree que la igualdad sea posible ni deseable y que cree firmemente en que las diferencias entre las personas son inamovibles y no hay nada que podamos hacer para crear una sociedad igualitaria; visto así, queda claro que el PP es un partido de extrema derecha, tan extrema que el centro en su horizonte es un punto casi invisible y que el PSOE, por su parte,  es un partido que tiende si no a la derecha, al centro.
En todo caso y aún dejando sentado que el PSOE tiende al centro –o a la derecha- ni Zapatero, ni Rubalcaba, ni Elena Salgado ni María Teresa Fernández de la Vega son cortijeros ricachones y mal educados que se ríen de los ciudadanos y comunican los más duros recortes y el desmantelamiento del Estado de bienestar construido con el esfuerzo y el trabajo de los españoles que ahora perciben una mísera pensión de 400 euros, con una sonrisa, pidiendo que hagamos un sacrificio para pagar una deuda que no contrajimos y de la que no somos responsables y salvando mientras tanto a los banqueros y especuladores, los verdaderos culpables de la crisis.
Los recortes nos duelen dos veces, primero porque sabemos lo difícil que se está poniendo la situación, si no para nosotros, para nuestros niños que no van a saber lo que es la escuela o el hospital público y en segundo lugar porque nos los comunican los dueños del cortijo, que piden a los peones que hagan un esfuerzo y pongan sus míseras nóminas al servicio de una deuda ajena, les arrancan la paga de Navidad que para muchísimos constituye un desahogo para ese no llegar a fin de mes nunca, les quitan sus días descanso, los obligan a pagar por las medicinas y a aceptar una bajada general de la calidad de los servicios públicos y todo esto con la prepotencia y el descaro de quien no insulta y menosprecia a los médicos y a los profesores de sus hijos, claro! Sus hijos van a colegios privados y tienen seguro de salud también privado; insultan a los médicos y a los profesores de la chusma que sigue contando con la seguridad social y con la escuela pública.
Ese es el espectáculo lamentable que presenciamos todos los días, los dueños del cortijo nos insultan y se ríen de nosotros mientras castigan y golpean a los pocos valientes que salen a manifestarse en las calles y mientras que sus vidas de herederos y sus hábitos de consumo no cambian ni un ápice, claro, esta es la crisis de la clase media, el único problema para ellos es la pérdida de tiempo de explicar a los pobres ignorantes pestosos las medidas que se disponen a tomar para asegurar las ganancias de banqueros y políticos tramposos tirando de su bolsillo.
Andrea Fabra es una sinvergüenza, pero no es más que una más de la camarilla de impresentables que gobierna este país.  Aún así y dado que no tiene problema en lucir su mala educación, imbecilidad y mal gusto, corresponde colgarla del palo mayor de la vergüenza y que se joda ella sí en la ignominia.

lunes, 28 de mayo de 2012

Esta mañana...el telediario...

Era lunes, el día más desafiante de la semana y llevaba escasos 40 minutos despierta cuando de camino al trabajo escuché el informativo más desalentador de los últimos tiempos.   Parece una paradoja dado que para algunos el telediario no es nada más que desalentador desde hace muchísimo tiempo, pero a mí, que me importan poco las noticias sobre índices que no entiendo y especulación de dinero que ni siquiera existe, el informativo del lunes 28 de mayo a las 7 de la mañana, me dejó un sentimiento de desaliento y desamparo difícil de explicar.
 Lo que escuché hoy en el informativo de las siete de la mañana fue devastador. No iba sobre guerras ni atentados terroristas, iba sobre personas de a pie, del mundo de los elegidos de la tierra, muy europeos todos,  que actúan como si acabaran de bajarse de un árbol, gente a la que ni siquiera cabe adjudicar el adjetivo de humana porque poco o nada les separa de la animalidad.
En el primer acto aparece Rouco Varela, anunciando que si la iglesia tiene que pagar el IBI, que dicho sea de paso, pagamos todos los españoles sin rechistar, va a tener que recortar en obra social, que los primeros en sufrir las consecuencias serán los usuarios de los comedores de Cáritas.  ¿Es una amenaza? Si no lo es, lo parece.  Así es como juega la iglesia en este país.  Creéis sinceramente que si un padre de familia debe recortar gastos para pagar el IBI va a empezar recortando  la alimentación de sus hijos? Yo no lo creo. 
En el segundo acto aparece Dolores de Cospedal relatando cómo funciona la alternancia en España.  Al parecer, todo lo que el PP arregla, organiza y construye,  el PSOE desbarata en un santiamén cuando le toca el turno de gobernar; de modo que a los gobiernos de derecha que lo dejan todo estupendamente bien organizado, les suceden gobiernos de izquierda que se dedican a destrozar la exquisita organización heredada de la derecha con el beneplácito de los ciudadanos que votamos a la izquierda exclusivamente para ver cómo ésta hace añicos las “buenas obras” de la derecha, así somos de estúpidos y de ignorantes los ciudadanos.  Definitivamente los representantes del Partido Popular le han perdido todo el respeto a la ciudadanía española, está claro que no son más que cortijeros prepotentes y mal educados, basta con escuchar las declaraciones de cualquiera de ellos sobre cualquier tema y en cualquier momento.
En el tercer acto aparece Javier Krahe, que se enfrenta a los juzgados hoy por el vídeo “Cómo cocinar a un Cristo” rodado en 1978; he escuchado el audio del vídeo y espero sinceramente que la justicia castigue a este individuo sin escrúpulos, capaz de la bajeza de hacer burla de algo tan caro para los cristianos como el Cristo crucificado.  Yo no profeso ninguna religión, pero al igual que clamé por justicia en el caso de las viñetas que insultaban a Mahoma, creo que se debería castigar con las penas más duras a este tipo de individuos que en nombre de una libertad de expresión mal entendida olvidan que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás y que pocas cosas hay más caras para las personas que sus valores y sus creencias.  Espero que en este caso, la ley pese de verdad y que todo su peso caiga sobre este sinvergüenza.
Esto es lo que se cuece en el mundo de los elegidos, el mundo del sálvese quien pueda.  Tristeza y desaliento, son las dos palabras que deberían cerrar el informativo.